martes, 23 de agosto de 2016

EL FIN DEL SUFRIMIENTO

          El Canto de la Gran Campana (El Fin del Sufrimiento) - Thich Nhat Hanh


Que el sonido de esta campana penetre profundamente en el Cosmos.
Que, aún en los lugares más oscuros, los seres vivos sean capaces de escucharlo con claridad,
De modo que todo sufrimiento cese en ellos, la comprensión llegue a
sus corazones 
Y trasciendan así la senda de la tristeza y la muerte.

La puerta del Dharma universal ya está abierta.
El sonido de la creciente marea se escucha con claridad.
Sucede el milagro:
Un hermoso niño aparece en el corazón de una flor de loto.
Una simple gota de esta agua misericordiosa es suficiente
para traer la refrescante primavera de vuelta a nuestras montañas
y ríos.

Escuchando la campana, siento que las aflicciones que hay en mí comienzan a disolverse.
Mi mente calmada, mi cuerpo relajado,
Una sonrisa nace en mis labios.
Siguiendo el sonido de la campana, mi aliento me lleva de vuelta 
a la isla segura de la conciencia plena.
En el jardín de mi corazón, las flores de la paz florecen 
con belleza. 

lunes, 22 de agosto de 2016

UN INSTANTE EN EL COSMOS

Un instante en el Cosmos
Thich Nath Hanh
El cosmos está lleno de piedras preciosas.
Deseo ofrecerte un puñado esta mañana.
Cada instante que vives es una piedra preciosa,
que resplandece y contiene Tierra y Cielo,
las aguas y las nubes.
Has de respirar suavemente
para que se revelen los milagros.
De repente oyes a los pájaros cantar,
a los pinos tararear,
ves abrirse a las flores,
el cielo azul,
las nubes blancas,
la sonrisa y el maravilloso aspecto
de tu Bienamado.
Tú, la persona más rica de la Tierra,
que has mendigado la vida en todas partes,
dejas de ser el hijo pródigo.
Vuelve y reclama tu herencia.
Debemos disfrutar de nuestra felicidad
y ofrecerla a todo el mundo.
Aprecia este mismo instante.
Deja partir la corriente de desesperación
y acoge la vida plenamente en tus brazos
.

jueves, 11 de agosto de 2016

MAS ALLA DE LOS MARES

 Más allá de los mares
Sohrab Sepehrí

Construiré una barca,
La lanzaré al agua.
Me alejaré de esta tierra extraña
en la que nadie despierta a los héroes
en la arboleda del amor.

Con una barca sin red
Y el corazón sin desear la perla
Seguiré navegando.
No ataré mi corazón a los azules
Ni al mar ni a las sirenas que asoman fuera del agua
y esparcen el hechizo de la punta de sus cabellos
en la luminosa soledad de los pescadores.

Seguiré navegando.
Seguiré cantando:
‘Lejos hay que ir, lejos.
El hombre de aquella ciudad no tenía mitos.
La mujer de aquella ciudad no tenía la plenitud de un racimo de uva.

Ningún espejo de ningún salón repetía la alegría.
Ningún charco de agua reflejaba una antorcha.

Lejos hay que ir, lejos.
Cantó su himno la noche.
Ahora les toca a las ventanas.
Seguiré cantando.

Seguiré navegando.

Más allá de los mares hay una ciudad
cuyas ventanas están abiertas a la aparición.
Los tejados son el lugar de las palomas que contemplan las
fuentes de la inteligencia humana.
En esta ciudad, la mano de todo niño de diez años es una rama de conocimiento

La gente de la ciudad mira al muro
Como a una llama y a un sueño suave.
La tierra oye la música de tus sensaciones
Y en el viento se oye el sonido de las aves mitológicas